Milagro Eucarístico de Turín, Año 1640

El Milagro Eucarístico de Turín ocurrió en 1640 en la iglesia de Santa María del Monte, durante la invasión de las tropas francesas comandadas por el Conde de Harcourt. Tras conquistar la fortaleza del Monte de los Capuchinos, una multitud de civiles y soldados que buscaban refugio en la iglesia fueron brutalmente asesinados por los invasores. Los frailes capuchinos presenciaron esta masacre con profundo dolor, aunque milagrosamente ningún religioso resultó herido.

Después de esparcir sangre y saquear objetos sagrados, la violencia culminó en un intento de profanación. Un soldado francés se subió al altar, forzó la cerradura del tabernáculo y se disponía a extraer la Píside con las Partículas consagradas para burlarse de ellas.

En ese preciso momento, ocurrió el milagro: una línea de fuego brotó del interior del tabernáculo, alcanzando el pecho del sacrílego y quemándole el rostro y los vestidos. Aterrorizado, el soldado cayó al suelo gritando y pidiendo perdón a Dios. Inmediatamente, la iglesia se llenó de un denso humo que causó estupor y terror generalizado, deteniendo el vandalismo en el acto. La pequeña puerta del tabernáculo, decorada con ágata y lapislázuli, conserva hasta hoy las huellas del forcejeo.

Ubicación de la Iglesia del Monte de los Capuchinos

Asalto y Ocupación del Monte de los Capuchinos

En 1640, la armada francesa bajo el Conde de Harcourt atravesó el río Po y, después de tres asaltos, conquistó la fortaleza del Monte de los Capuchinos en Turín. Los defensores y civiles se refugiaron en la iglesia de Santa María del Monte.

Masacre en la Iglesia y Refugio de los Frailes

Los invasores franceses entraron en la iglesia de Santa María del Monte y asesinaron indiscriminadamente a civiles y soldados, incluso a aquellos que se habían refugiado junto a los altares sagrados o abrazados a los frailes capuchinos. Los religiosos, aunque ilesos, presenciaron la masacre con gran dolor.

Profanación y Vandalismo en el Templo

Después de la masacre, los soldados saquearon los objetos sagrados y las pertenencias de los refugiados en el convento. En la iglesia, se abandonaron a “actos brutales de libidine” antes de la profanación final de los elementos eucarísticos.

El Milagro del Fuego Eucarístico

Un soldado francés, descrito como hereje, subió al altar, destruyó la cerradura y estaba a punto de robar o burlarse de la Píside con las Partículas consagradas. En ese instante, una línea de fuego salió milagrosamente del tabernáculo directamente hacia el pecho del soldado.

Arrepentimiento, Humo y Cese del Vandalismo

Quemado y aterrorizado, el soldado sacrílego se arrojó al suelo gritando y pidiendo perdón a Dios. Inmediatamente, la iglesia se llenó de un denso humo que causó estupor y terror en todos los presentes, momento en el que cesó el vandalismo.

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