Milagro Eucarístico de Sokółka, Polonia, Año 2008

El Milagro Eucarístico de Sokółka ocurrió en Polonia el 12 de octubre de 2008. Todo comenzó durante la Santa Misa en la iglesia de San Antonio, cuando una Hostia consagrada cayó accidentalmente al suelo. El sacerdote la recogió y, creyendo que se había ensuciado, la depositó en el vasculum, un pequeño recipiente con agua.

Una semana después, el 19 de octubre, la sacristana, la Madre Julia Dubowska, abrió la caja fuerte donde se había guardado la Hostia. Para su asombro, la Hostia, aunque casi disuelta, presentaba en el centro extraños coágulos rojos que parecían ser una mancha de sangre. Tras informar a las autoridades eclesiásticas de Bialystok, se decidió trasladar la Hostia a un corporal (paño litúrgico) dentro del sagrario. Con el tiempo, la sustancia roja se secó y la Hostia quedó unida al corporal.

A principios de 2009, la Curia Metropolitana de Bialystok encargó a dos eminentes especialistas en anatomía patológica de la Universidad de Medicina de Bialystok, la Dra. Maria Elżbieta Sobaniec-Łotowska y el Dr. Stanisław Sulkowski, que examinaran la muestra.

Los análisis científicos determinaron que el material correspondía a tejido muscular cardíaco humano (miocardio). Los científicos señalaron que este tejido estaba vivo (no necrótico) y mostraba signos de espasmos rápidos, característicos de la fase extrema anterior a la muerte. Además, el hecho fue considerado inexplicable científicamente porque el tejido no había sufrido el proceso de autólisis (autodestrucción), a pesar de haber permanecido en agua y sin conservación o estabilización especial por largo tiempo. Los especialistas también descartaron categóricamente la intervención de bacterias o la posibilidad de que alguien hubiera depositado el fragmento, dado que el tejido estaba íntimamente interconectado y fusionado con el fragmento de la Hostia.

La Comisión Eclesiástica que investigó el caso concluyó que no se había detectado la intervención de terceros, constatando que la Hostia analizada era la misma que se había trasladado de la sacristía al sagrario. Finalmente, se declaró que el caso de Sokółka no se opone a la fe de la Iglesia, sino que la confirma.

Ubicación de la Iglesia de San Antonio de Padua, Sokolka

La Hostia cae y es puesta en el vasculum

Durante la Santa Misa del 12 de octubre de 2008, un joven vicario, Filip Zdrodowski, dejó caer una Hostia consagrada durante la Comunión, aunque no se dio cuenta hasta que una mujer arrodillada se lo indicó. Por precaución, el sacerdote la recogió y la colocó en el vasculum, un recipiente plateado con agua usado para lavarse los dedos después de la Comunión.

El descubrimiento de la mancha roja

Una semana después, el 19 de octubre de 2008, la sacristana, la Madre Julia Dubowska, abrió la caja fuerte donde se había guardado la Hostia en el recipiente. Encontró la Hostia casi disuelta, pero con “extraños coágulos rojos” en el centro, que a simple vista daban la clara impresión de ser sangre.

Extracción y colocación en el corporal

El 30 de octubre de 2008, a petición del Arzobispo de Bialystok, el padre Gniedziejko sacó delicadamente la Hostia, parcialmente disuelta con la sustancia roja, del agua del recipiente. La depositó sobre un corporal (paño litúrgico) completamente blanco con una cruz roja bordada en el centro. El corporal con la Hostia fue luego encerrado en el sagrario de la capilla parroquial. Con el tiempo, la Hostia se “fundió” con el corporal y el coágulo se secó.

Inicio del análisis histopatológico

El 7 de enero de 2009, la Dra. Maria Elżbieta Sobaniec-Łotowska, especialista en anatomía patológica, acudió a Sokółka y extrajo una muestra minúscula de la misteriosa sustancia del corporal para su examen científico. El Dr. Stanisław Sulkowski también examinó muestras por separado.

Declaración de los resultados científicos

La declaración común de los científicos dictaminó que la muestra enviada “parece tejido del miocardio” y que, de todos los tejidos de organismos vivos, era el que más se le parecía. Se observaron indicadores biomorfológicos típicos de tejido muscular cardíaco vivo, con signos de espasmos rápidos típicos de la fase extrema anterior a la muerte (fibras no necróticas). Además, el tejido estaba unido a la Hostia de forma indisoluble y no mostraba rastros de autólisis (autodestrucción), a pesar de haber permanecido en agua y sobre el corporal por mucho tiempo.

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