Milagro Eucarístico de Santa Clara de Asís, Asís, Italia, 1240

El Milagro Eucarístico de Santa Clara de Asís ocurrió en Italia en el año 1240. La narrativa principal, descrita en la Leyenda de Santa Clara Virgen, detalla un evento que tuvo lugar un viernes de septiembre. Soldados y arqueros sarracenos, actuando por orden imperial de Federico II de Suabia, atacaron el convento de San Damián en Asís y lograron penetrar hasta el claustro.

Mientras las monjas estaban sobrecogidas por el terror, Santa Clara, a pesar de estar enferma, actuó con un corazón impávido. Ordenó que la llevaran a la puerta para enfrentar a los enemigos, precedida por una cajita de plata y marfil que contenía la Eucaristía, el “Cuerpo del Santo de santos”. Postrada en oración, Clara cuestionó al Señor sobre si entregaría a sus siervas indefensas. Inmediatamente, una voz como de niño resonó desde el tabernáculo (la cajita), prometiéndole: “¡Yo te custodiaré siempre!”. Tras esta divina seguridad, la audacia de los soldados se transformó en temor, y abandonaron con rapidez los muros que habían escalado, huyendo dispersados por la fuerza de la oración de Clara.

Ubicación de la Iglesia de San Damián

El Asalto al Convento

Soldados y arqueros sarracenos, pagados por el emperador Federico II, irrumpen en las cercanías del convento de San Damián y logran penetrar hasta el claustro mismo de las monjas.

El Terror de las Monjas

Los corazones de las monjas (vírgenes) se llenan de terror ante la invasión. Sus voces tiemblan de miedo y corren llorando a buscar a su madre, Santa Clara.

La Respuesta de Santa Clara

A pesar de estar enferma, Santa Clara mantiene un corazón impávido. Ordena que la conduzcan a la puerta del convento, frente a los enemigos. Pide que la preceda la “cajita de plata cubierta de marfil” donde se custodiaba el Cuerpo de Cristo.

La Oración de Confrontación

Postrada en oración y entre lágrimas, Clara le pregunta al Señor si entregará a sus siervas indefensas en manos de los paganos. Inmediatamente, una voz como de niño resuena desde el tabernáculo (la cajita) y le responde: “¡Yo te custodiaré siempre!”.

La Huida de los Sarracenos

Tras la oración de Clara y la promesa divina, la audacia de los soldados enemigos se transforma en temor. Abandonan con rapidez los muros que habían escalado y son dispersados, huyendo por la fuerza de la oración de Santa Clara.

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