El milagro ocurrió en Italia alrededor del año 1050 y fue documentado por el erudito y Doctor de la Iglesia, San Pedro Damián, quien lo presenció personalmente.
La historia comenzó con un acto de sacrilegio: una hechicera solicitó a una mujer laica que le consiguiera una Hostia consagrada para usarla en un maleficio. La mujer accedió y, durante la Comunión, logró tomar la Partícula y esconderla en un pañuelo de lino.
Sin embargo, su acto no pasó desapercibido. Un sacerdote se dio cuenta de la sustracción, siguió a la mujer y la confrontó, exigiéndole que revelara el contenido oculto. Presionada, la mujer abrió el pañuelo, y ante los ojos atónitos de todos los presentes, la Hostia reveló su naturaleza divina: la mitad se había transformado visiblemente en Carne y Sangre, mientras que la otra mitad conservaba la apariencia original de pan.
Este portento milagroso sirvió como una poderosa evidencia para vencer la incredulidad de la época, confirmando la presencia real de Cristo en la Eucaristía, demostrando la verdad de la Transubstanciación. San Pedro Damián inmortalizó el evento en su obra Opusculum XXXIV, asegurando el testimonio histórico de este acto de fe sobrenatural.
Ubicación del Monasterior de Fonte Avellana
La Petición Sacrílega
Una hechicera, con la intención de realizar un maleficio, solicita a una mujer que le obtenga una Hostia consagrada.

El Hurto de la Hostia
Durante la distribución de la Comunión, la mujer logra tomar la Hostia consagrada y esconderla cuidadosamente dentro de un pañuelo de lino para llevársela.

La Confrontación del Sacerdote
Un sacerdote se da cuenta de la acción de la mujer, la sigue inmediatamente fuera del altar y le ordena, en nombre de la Iglesia, que muestre el contenido robado del pañuelo.

La Revelación del Milagro
Al abrir el pañuelo por orden del sacerdote, todos los testigos ven con gran asombro que la mitad de la Hostia robada se había transformado visiblemente en Carne y la otra mitad mantenía la apariencia de Pan.

El Testimonio de San Pedro Damián
San Pedro Damián, testigo ocular del suceso, describe y documenta este milagro eucarístico en su obra Opusculum XXXIV para confirmar la doctrina de la Transubstanciación.
