En la noche del 25 de julio de 1969, en la iglesia parroquial de San Mauro La Bruca, Italia, unos ladrones robaron varios objetos sagrados, entre ellos un píxide (copón) que contenía Hostias consagradas. Tras el robo, arrojaron las Hostias en un callejón.
A la mañana siguiente, un niño las encontró, las recogió y se las entregó al párroco. De manera extraordinaria, estas Hostias se han conservado perfectamente intactas desde entonces, sin mostrar ningún signo de descomposición natural.
Después de 25 años y exhaustivos análisis científicos que confirmaron su estado incorrupto, la Iglesia, a través del Obispo Monseñor Biagio D’Agostino, reconoció oficialmente el milagro en 1994 y autorizó el culto y veneración de las sagradas partículas.
Ubicación de la Iglesia de Santa Eufemia, San Mauro La Bruca
El Robo Sacrílego
Durante la noche del 25 de julio de 1969, unos ladrones irrumpieron en la iglesia parroquial de San Mauro la Bruca. Tras romper el tabernáculo, robaron objetos preciosos, incluyendo el píxide que contenía las Hostias consagradas.

La Profanación en el Callejón
Inmediatamente después de salir de la iglesia, y con la intención de quedarse solo con los objetos de valor, los ladrones arrojaron las Hostias consagradas, vaciando el píxide en un callejón sucio.

El Descubrimiento del Niño
A la mañana siguiente, un niño que pasaba por el callejón notó las Hostias blancas abandonadas en una esquina del suelo.

La Devolución al Párroco
El niño recogió las Hostias y, dándose cuenta de lo que eran, las entregó inmediatamente al párroco de la iglesia.

La Conservación y Reconocimiento
Las Hostias se conservaron milagrosamente intactas, sin deteriorarse con el paso de los años, contrario a lo que ocurre naturalmente. Tras 25 años de análisis científicos y observación, en 1994, el Obispo Monseñor Biagio D’Agostino reconoció oficialmente la milagrosa conservación y autorizó su culto.
