Milagro Eucarístico de Bergen, Holanda, 1421

El Milagro Eucarístico de Bergen ocurrió en la ciudad holandesa de Bergen op Zoom en 1421. La historia se centra en el párroco de la Iglesia de San Pedro y Pablo, quien, después de varios meses, comenzó a albergar serias dudas sobre la verdad de la transubstanciación y la real presencia del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Hostia consagrada.

Debido a su escepticismo, y sin mostrar ninguna devoción al Santísimo Sacramento, el párroco cometió un sacrilegio: después de celebrar la Misa, tomó las Partículas consagradas sobrantes y las arrojó a uno de los numerosos canales o al río Schelda que atraviesan la ciudad.

Meses después, el asombroso suceso se reveló cuando algunos pescadores encontraron las Hostias. Estas no se habían disuelto, sino que fueron halladas flotando en el agua, cubiertas de sangre coagulada. La noticia de este prodigioso hallazgo se difundió rápidamente, atrayendo a numerosos peregrinos. El culto fue aprobado oficialmente por el Obispo, pero su práctica se mantuvo viva de forma silenciosa entre los católicos durante mucho tiempo, ya que la posterior reforma protestante prohibió la devoción por un largo período. Sin embargo, en el siglo XX, este culto experimentó un importante resurgimiento.

Bergen, Paises Bajos

La Duda del Párroco

El párroco de la Iglesia de San Pedro y Pablo, después de varios meses, siente crecer la duda sobre la verdad de la transubstanciación y la real presencia del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Hostia consagrada, mostrando ninguna devoción hacia el Santísimo Sacramento.

El Sacrilegio

Siendo escéptico ante la verdad de la transubstanciación, el párroco toma consigo las Partículas consagradas sobrantes después de la Misa y las arroja en uno de los canales o al agua del río.

El Descubrimiento Prodigioso

Meses después del acto sacrílego, algunos pescadores encuentran las Hostias consagradas flotando en el agua, cubiertas de sangre coagulada.

La Propagación de la Noticia

La noticia del hallazgo de las Hostias prodigiosas se propagó velozmente, atrayendo a numerosos peregrinos a la ciudad de Bergen.

La Procesión y la Persecución del Culto

El culto al Milagro fue aprobado por el Obispo, llevando a procesiones en su honor. A pesar de la aprobación, la reforma protestante lo prohibió por un largo período.

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