El Milagro Eucarístico de Asti, Italia, ocurrió en 1718. Durante una Misa celebrada por el sacerdote Francisco Scotto en la capilla de la Obra Milliavacca, la Hostia consagrada apareció rota en dos en el momento de la elevación.
De la fisura de la Hostia comenzó a brotar sangre (Sangre), que goteó y manchó el pie del cáliz, la píside y el corporal. Un notario presente, Escipión Ambrosio, fue testigo junto con otros y corrió a llamar a más personas, incluidos otros sacerdotes y tres médicos.
Los médicos examinaron la escena, descartaron que la sangre proviniera del sacerdote y testificaron bajo juramento que las manchas eran sangre verdadera. El evento fue documentado oficialmente y confirmado nuevamente por expertos en 1841. El cáliz con las manchas de sangre se conserva en la Catedral de Asti.
Ubicación de la Catedral de la Asunción de Santa María, Asti, Itialia
El Inicio de la Misa
En la mañana del 10 de mayo de 1718, el sacerdote Francisco Scotto comienza a celebrar la Santa Misa alrededor de las ocho en la capilla de la Obra Milliavacca. El notario Escipión Alessandro Ambrosio, entre otros, asiste a la Misa desde la parte delantera de la iglesia, cerca del altar.

La Alarma del Notario
En el momento de la elevación de la Hostia, el notario Ambrosio se da cuenta de que la Hostia está partida en dos. Convencido de que una Hostia fraccionada no es válida, se levanta y se acerca al altar con la intención de advertir al sacerdote para que la cambie.

El Prodigio en el Altar
Antes de que el notario llegue, el sacerdote Francisco Scotto, al elevar la Hostia, también ve que está partida. Para su inmenso estupor, observa que de la fisura brota sangre de color rojo vivo, que se derrama sobre el pie del cáliz, la píside y gotea sobre el corporal.

La Llegada de los Testigos
Cuando el notario Ambrosio llega al altar con una nueva hostia, ve que la Hostia original está sangrando y comienza a llorar. Corre a llamar a otras autoridades, y pronto se congregan en el altar el canónigo Argenta, el teólogo Vaglio, el penitenciario Ferrero, otros sacerdotes y tres médicos de la ciudad (Argenta, Volpini y Vercellone).

La Investigación y Verificación
Para disipar las dudas de que la sangre proviniera del sacerdote, los cirujanos y médicos presentes examinaron la situación y descartaron esa posibilidad. Los tres médicos testificaron bajo juramento que las manchas rojas eran sangre verdadera. Se redactó un informe oficial del milagro.
