El prodigio que tuvo lugar en la Abadía de Santa María de Rosano, Italia, a partir de 1948, se centró en una estatua del Sagrado Corazón de Jesús de tamaño natural, donada ese mismo año en cumplimiento de un voto de la Segunda Guerra Mundial.
La secuencia de hechos sobrenaturales se inició la noche del 4 de abril de 1948 (Domingo in Albis), cuando se observó por primera vez que de los ojos de la estatua caían gotas parecidas a lágrimas, un hecho que sorprendió a las religiosas mientras se cantaban las Vísperas. Este fenómeno se intensificó pocos meses después, en junio de 1948, con la aparición de un prodigio adicional: la efusión de sangre, calificado como “impresionante e inesperado”.
Estos sucesos (la efusión de lágrimas y sangre) se repitieron hasta 1950, siendo atestiguados por numerosos testigos oculares, incluyendo la Reverenda Madre Abadesa M. Ildegarde Cabitza y sacerdotes. Dada la naturaleza de los hechos, el Santo Oficio envió al Visitador, Padre Luigi Romoli o.p., para iniciar investigaciones rigurosas. El Visitador interrogó a toda la comunidad de monjas e impuso un absoluto silencio sobre el tema.
Como resultado de las investigaciones, el 14 de noviembre de 1950, el Santo Oficio ordenó que la estatua fuera trasladada a un lugar secreto. Sin embargo, la estatua regresó al monasterio en 1952. La comunidad de Rosano vivió este regreso con “íntimo gozo y gran emoción”, pero con la mayor discreción, reasumiendo su vida monástica con mayor fervor en torno al lema benedictino Ora et labora. Los hechos fueron considerados inexplicables desde una perspectiva natural y humana, siendo interpretados por un predecesor obispo como una llamada del Señor a la “fidelidad, a la reparación, a la oración”.
Ubicación del Monasterio de Santa María de Rosano
La Primera Efusión de Lágrimas
La noche del 4 de abril de 1948 (Domingo in Albis), mientras se cantaban las Vísperas, se observó por primera vez que gotas similares a lágrimas caían de los ojos de la Estatua del Sagrado Corazón.

La Efusión de Sangre
En junio de 1948 (el mismo año que la primera efusión de lágrimas), se añadió otro prodigio “impresionante e inesperado”: la estatua comenzó a derramar sangre. Estos hechos se repitieron entre 1948 y 1950 y fueron confirmados por numerosos testigos oculares.

La Investigación del Santo Oficio
El Santo Oficio envió al Visitador, Padre Luigi Romoli o.p., quien llevó a cabo investigaciones exhaustivas, interrogando a todas las religiosas e imponiendo absoluto silencio a toda la comunidad.

Traslado a un Lugar Secreto
Poco después de la investigación, el 14 de noviembre de 1950, el mismo Santo Oficio ordenó que la estatua fuera trasladada a un lugar secreto.

Regreso de la Estatua a Rosano
En 1952, la estatua regresó a Rosano. La comunidad recibió el regreso con “íntimo gozo y gran emoción, pero con mucha discreción”, continuando su vida monástica con mayor intensidad el dicho benedictino Ora et labora.
