En 1535, la ciudad de Asti fue testigo de un milagro eucarístico cuando, durante una misa celebrada por el sacerdote Domingo Occelli, la hostia consagrada comenzó a sangrar al ser partida. Ante este prodigio, el Obispo de Asti documentó oficialmente el hecho y el Papa Pablo III concedió una indulgencia plenaria a los creyentes que visitaran la iglesia en su aniversario. El suceso, confirmado por documentos notariales, testimonios de conversiones de soldados y representado en pinturas de la época, es recordado como un evento divino que reforzó la fe de la comunidad.
Ubicación de Collegiata di San Secondo
La Fracción de la Hostia
El 25 de julio de 1535, en la iglesia de San Segundo, el sacerdote Domenico Occelli está celebrando la Misa de las 7 a.m. En el momento de la fracción de la Hostia consagrada, observa con asombro que sangre viva comienza a brotar de la fractura.

La Reacción en el Cáliz
Lleno de pavor por lo que acaba de ver, el sacerdote reacciona arrojando la Hostia sangrante dentro del cáliz. Sin embargo, un fragmento (una cuarta parte) de la Hostia se queda adherido a la extremidad de sus dedos, manchado de sangre.

La Convocatoria a los Fieles
Completamente estupefacto, el sacerdote se da la vuelta hacia los fieles que asisten a la Misa. Les habla y los invita a acercarse inmediatamente al altar para que puedan ser testigos directos del prodigio que está ocurriendo.

El Retorno al Candor Natural
Después de que los fieles presenciaron el milagro, el sacerdote se dispone a consumir la Hostia (el fragmento) como parte del rito. En ese preciso instante, la Hostia pierde por completo la apariencia de sangre y recupera milagrosamente su aspecto blanco y natural.
