Milagro Eucarístico de Alatri, Italia, 1228

La historia narra que una joven, por consejo de una hechicera, robó una Hostia consagrada durante la Misa con la intención de usarla en un brebaje de amor para recuperar a su novio. La joven escondió la Hostia en una tela, pero al llegar a su casa, descubrió que esta se había transformado en carne sangrante.

Arrepentidas, la joven y la hechicera confesaron el acto al Obispo de Alatri, Juan V. El hecho fue considerado tan significativo que el Papa Gregorio IX emitió una Bula Papal, Fraternitas tuae (13 de marzo de 1228), para certificar el milagro. El Papa interpretó el suceso como un signo para fortalecer la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y para confundir a los herejes.

Actualmente, un fragmento de esta Hostia convertida en carne se conserva como reliquia en la Catedral de San Pablo Apóstol en Alatri.

Ubicación de la Concatedral Basílica de San Pablo

El Pacto Sacrílego

Una joven en Alatri, desesperada por recuperar el amor de su novio, acude a una hechicera. La hechicera le da una solución maléfica: debe robar una Hostia consagrada para utilizarla en un brebaje de amor.

El Robo de la Hostia

Durante la celebración de la Misa, la joven recibe la Sagrada Comunión. Sin embargo, en lugar de consumirla, la mantiene en su boca hasta que puede esconderla discretamente en un paño (tela) que llevaba preparado.

La Transformación

Al llegar a su casa, la joven abre el paño donde había guardado la Hostia. Para su horror, descubre que la Hostia en forma de pan se ha transformado en un trozo de carne sangrante.

La Confesión al Obispo

Profundamente arrepentidas, tanto la joven como la hechicera que la instigó, acuden al Obispo de Alatri, Juan V. Le confiesan con humildad su grave pecado y le revelan el prodigio ocurrido, mostrándole la reliquia.

La Bula Papal de Confirmación

El Papa Gregorio IX, tras ser informado por el obispo, emite la Bula Papal Fraternitas tuae el 13 de marzo de 1228. En ella, certifica el milagro como una señal contra las herejías, fortalece la fe en la presencia real de Cristo y concede el perdón a las dos mujeres arrepentidas.

Scroll to Top