Milagro Eucarístico de Saint-André de la Réunion, Isla de La Réunion (Colonia Francesa), 1902

El 26 de enero de 1902, durante la Misa, el párroco Abad Henry Lacombe vio un rostro humano con una corona de espinas y una expresión doliente en la Hostia consagrada que estaba expuesta en la custodia. Para confirmar que era real, llamó a los monaguillos y a un estudiante, Adam de Villiers, quienes también vieron el rostro divino.

El milagro fue visto por miles de personas, incluidos periodistas. Para asegurarse de que no era un reflejo de luz, el sacerdote mandó apagar todas las velas y cerrar las ventanas; en la oscuridad, el rostro en la Hostia se volvió “aún más nítido” y “emanaba verdaderos destellos”. La visión cambió más tarde, mostrando un crucifijo en la Hostia , y finalmente desapareció después de la bendición eucarística.

Ubicación Iglesia de San Andrés, Isla La Reunión

La Visión del Sacerdote

Durante la Misa de las Cuarenta Horas, el 26 de enero de 1902, el párroco, Abad Henry Lacombe, vio un rostro humano en la Hostia consagrada expuesta en la custodia. El rostro, coronado de espinas, tenía una expresión de profundo dolor que conmovió al sacerdote.

La Confirmación de los Monaguillos

Dudando de sí mismo, el Abad Lacombe llamó a los monaguillos mayores desde la sacristía y les pidió que miraran la custodia. Los jóvenes corrieron de regreso, confirmando que ellos también veían “la cabeza de un hombre en la Hostia”.

El Testimonio del Estudiante

Para una confirmación adicional, el sacerdote le pidió a un estudiante de dieciséis años, Adam de Villiers, que observara el fenómeno. El joven regresó de inmediato, afirmando con convicción: “Padre, es el buen Dios que se ha aparecido en la Hostia, veo su rostro divino”, lo que disipó todas las dudas del sacerdote.

La Prueba de la Oscuridad

A medida que la gente del pueblo y periodistas acudían en masa a la iglesia, el Abad Lacombe temió que fuera un reflejo de luz. Ordenó que se apagaran todos los cirios y se cerraran las ventanas. En la oscuridad total, el fenómeno se volvió aún más nítido, y los rasgos del rostro en la Hostia “emanaban verdaderos destellos”.

La Visión Cambiante y la Desaparición

La visión duró horas, permitiendo que una joven pintora entre la multitud la reprodujera. Más tarde, la imagen cambió: el rostro desapareció y fue reemplazado por la imagen de un crucifijo que cubría todo el diámetro de la Hostia. Las visiones cesaron por completo después de que se impartió la bendición eucarística.

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