En 1608, en la ciudad de Faverney, Francia, el protestantismo y el calvinismo estaban ganando influencia, creando incertidumbre en la fe. En la abadía benedictina local, los monjes se prepararon para la fiesta de Pentecostés exponiendo el Santísimo Sacramento (en una custodia con dos Hostias) para la adoración pública.
Durante la noche, un gran incendio destruyó el altar y los ornamentos sagrados. A la mañana siguiente, los religiosos encontraron la iglesia llena de humo y el altar reducido a cenizas. Sin embargo, descubrieron asombrados que la custodia, con las Hostias intactas, estaba suspendida en el aire.
Los monjes llamaron a los frailes capuchinos de Vesoul, quienes construyeron un nuevo altar y celebraron la Santa Misa. En el momento de la elevación de la Hostia durante la Misa, la custodia descendió lentamente y se posó sobre el nuevo altar.
El milagro fue declarado auténtico por el Arzobispo de Besançon ese mismo año y la noticia fue llevada al Papa Pablo V. El evento reavivó la fe en la región, y la reliquia de la Hostia milagrosa se conserva y venera hasta el día de hoy.
Ubicación Basílica Menor, Faverney
La Exposición Eucarística
En la Abadía de Faverney, durante la vigilia de la fiesta de Pentecostés de 1608, los monjes benedictinos prepararon un altar provisional para la adoración pública, colocando una custodia que contenía dos Hostias.

El Incendio Nocturno
Durante la noche, se desató un gran incendio en la iglesia. El fuego fue tan intenso que destruyó el altar temporal donde estaba la custodia y redujo a cenizas los ornamentos sagrados.

El Descubrimiento Milagroso
A la mañana siguiente, el sacristán abrió la iglesia y la encontró llena de humo. Él, junto con otros religiosos y personas que acudieron, comenzaron a remover los escombros y, a medida que el humo se disipaba, descubrieron asombrados que la custodia estaba suspendida en el aire, intacta, sobre las cenizas del altar.

La Celebración de la Misa
Sin saber qué hacer, los monjes pidieron consejo a los frailes capuchinos de Vesoul. Estos llegaron, prepararon un nuevo altar sobre el lugar donde estaba el quemado, y procedieron a celebrar la Santa Misa mientras la custodia seguía flotando.

El Descenso de la Custodia
En el momento culminante de la Misa, durante la elevación de la Hostia por el sacerdote, la custodia que estaba suspendida comenzó a descender lentamente por sí misma hasta posarse suavemente sobre el nuevo altar.
