El evento ocurrió en la ciudad de Douai, Francia, en el año 1254. El día de Pascua, en la iglesia de San Amado, un sacerdote dejó caer accidentalmente una Hostia consagrada mientras distribuía la comunión. Al inclinarse para recogerla, la Hostia se elevó sola y se posó sobre el purificador (un paño litúrgico). Inmediatamente después, en lugar de la Hostia, apareció la imagen de un “niño espléndido” que fue visto por todos los fieles presentes.
La noticia se difundió y el obispo de Cambrai, Tomás de Cantimpré, acudió a investigar. Él mismo testificó que, aunque al principio no vio nada particular en la Hostia, al mirarla de nuevo vio “el rostro de Cristo coronado de espinas con dos gotas de sangre”.
La reliquia fue honrada durante siglos, pero se perdió durante la Revolución Francesa. En octubre de 1854, el párroco de la iglesia de San Pedro en Douai descubrió una pequeña caja de madera que contenía la Hostia, que seguía blanca aunque dañada en los bordes. Junto a ella había una carta en latín del 5 de enero de 1793, escrita por un canónigo que afirmaba haber rescatado y escondido la “verdadera Hostia del Santo Milagro” para salvarla de la profanación.
A día de hoy, la Hostia del Milagro aún se puede admirar y se conserva en la iglesia de San Pedro en Douai.
Ubicación de la Iglesia de San Pedro en Douai
El Accidente Durante la Comunión
El día de Pascua de 1254, en la iglesia de San Amado en Douai, un sacerdote estaba distribuyendo la Comunión a los fieles cuando, accidentalmente, se le cayó de las manos una Hostia consagrada.

La Levitación de la Hostia
Mientras el sacerdote se inclinaba con la intención de recoger la Hostia caída, esta se elevó sola por el aire. El movimiento milagroso concluyó cuando la Hostia se posó suavemente sobre el purificador, un paño litúrgico que estaba sobre el altar.

La Aparición del Niño
Inmediatamente después de posarse en el purificador, la forma de la Hostia desapareció y, en su lugar, apareció la imagen de un “niño espléndido”. Esta visión fue contemplada claramente por todos los fieles y religiosos que estaban presentes en la celebración.

La Investigación del Obispo
La noticia se difundió rápidamente, llegando al obispo de Cambrai, Tomás de Cantimpré (doctor en teología). El obispo viajó a Douai para constatar personalmente los hechos. El decano de la iglesia le mostró la caja donde se guardaba la Hostia del milagro.

La Visión del Cristo Coronado
Aunque al principio el obispo no vio nada extraordinario, al mirar la Hostia por segunda vez, vio claramente el rostro de Cristo coronado de espinas. De la frente de Cristo caían dos gotas de sangre. Ante esto, el obispo se arrodilló inmediatamente, llorando y dando gracias a Dios.
