El Milagro Eucarístico de Gorkum-El Escorial tuvo lugar en el contexto de los conflictos religiosos de 1572 en Holanda, cuando mercenarios protestantes seguidores de Zwinglio invadieron la ciudad de Gorkum y entraron a saquear su catedral católica. Durante el ataque, los profanadores golpearon el tabernáculo con mazas de hierro, extrajeron la Custodia y arrojaron la Hostia consagrada al suelo. El acto de mayor desprecio ocurrió cuando uno de los soldados pisó la Eucaristía con unas botas cuya suela estaba provista de clavos, perforando la forma en tres puntos específicos.
En el instante de la profanación, de los orificios causados por los clavos comenzó a brotar sangre viva, transformándose en tres pequeñas heridas circulares que permanecen visibles en la Hostia hasta la actualidad. Este suceso conmovió al propio profanador, quien, sintiendo un gran arrepentimiento, advirtió al canónigo Jean van der Delft; gracias a esto, el sacerdote pudo recuperar la Hostia y ponerla a salvo.
Años más tarde, tras diversas vicisitudes, la reliquia fue donada en 1594 al rey Felipe II de España. Desde entonces, la llamada “Sagrada Forma” se custodia intacta en la sacristía del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde ha sido venerada por la monarquía española, incluyendo al rey Carlos II, quien mandó a realizar obras de arte y un tabernáculo especial para honrarla.
Ubicación del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial
La Profanación de Gorkum
En 1572, durante la Guerra de los Ochenta Años, mercenarios protestantes seguidores de Zwinglio (conocidos como los “Gueux de mer” o Mendigos del Mar), pagados por el Príncipe de Orange, invaden la ciudad de Gorkum. Entran a la Catedral católica para saquearla, golpeando el tabernáculo con mazas de hierro y extrayendo la Custodia con el Santísimo Sacramento.

El Ultraje a la Hostia
Uno de los profanadores, en señal de absoluto desprecio, arroja la Hostia Consagrada al suelo. Luego, la pisa con fuerza utilizando unas botas cuya suela estaba provista de clavos de hierro, perforando la forma en tres puntos.

La Sangre Viva
En el momento exacto en que los clavos de la bota perforan la Eucaristía, comienza a brotar sangre viva de los tres orificios creados. Las marcas se transforman en tres pequeñas heridas circulares que permanecen visibles en la Hostia.

Arrepentimiento y Rescate
El profanador que pisó la Hostia, al ver la sangre, siente un repentino arrepentimiento y maravilla. Advierte al canónigo Jean van der Delft sobre lo sucedido. El sacerdote logra recuperar la Hostia discretamente para ponerla a salvo y sacarla de la iglesia profanada.

Adoración en El Escorial (La Sagrada Forma)
Años después, la Hostia (conocida como “La Sagrada Forma”) se traslada a España y es custodiada en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Se representa la adoración solemne de la reliquia, intacta hasta hoy, por parte de la monarquía española (como se ve en el cuadro de Claudio Coello mencionado en el texto), con el rey Carlos II y la corte arrodillados ante la custodia.
