El Milagro Eucarístico de Daroca tuvo lugar en el año 1239, en el contexto de la Reconquista española, cuando tropas cristianas de Daroca, Teruel y Calatayud se aliaron para recuperar el castillo de Chio (Luchente) de manos de los musulmanes. Antes de la batalla, el capellán Mateo Martínez celebraba una misa de campaña para los seis capitanes del ejército; sin embargo, un ataque sorpresa del enemigo obligó al sacerdote a suspender la ceremonia y esconder apresuradamente las seis hostias consagradas, envueltas en un corporal (paño litúrgico), debajo de una piedra para protegerlas.
Una vez que las tropas cristianas lograron repeler el ataque inicial, el padre Mateo regresó al escondite para recuperar las formas y dar la comunión a los líderes como acción de gracias. Fue entonces cuando descubrió el prodigio: las seis hostias estaban completamente bañadas en sangre fresca. Los comandantes interpretaron este hecho como una señal inequivoca de favor divino; ataron el corporal ensangrentado a una lanza a modo de estandarte y marcharon nuevamente al combate, logrando una victoria estrepitosa y la toma del castillo.
Tras el triunfo, surgió una disputa entre los capitanes, pues cada uno quería llevar la reliquia sagrada a su propia ciudad. Para resolver el conflicto, acordaron colocar el cofre con el corporal sobre una mula y dejarla vagar libremente, confiando en que la voluntad divina guiaría al animal al destino correcto. La mula recorrió cerca de 200 millas durante 12 días hasta que, extenuada, se detuvo y murió frente a la iglesia de San Marcos en la ciudad de Daroca, donde hasta el día de hoy se venera el paño manchado de sangre en la Basílica de Santa María.
ubicación de la Basílica Santa María de los Sagrados Corporales
La Misa de Campaña y el Ataque Sorpresa
El Padre Mateo Martínez celebra una misa al aire libre para los seis capitanes cristianos antes de la batalla. Justo después de consagrar seis hostias, un ataque sorpresa de los moros obliga al sacerdote a suspender la misa apresuradamente y esconder las hostias envueltas en un corporal (paño blanco) bajo una piedra para protegerlas.

El Hallazgo de las Hostias Sangrantes
Tras repeler el primer ataque, el Padre Mateo regresa al lugar del escondite para recuperar las hostias y dar la comunión a los capitanes. Al desenterrar y desplegar el corporal, descubre con asombro que las seis hostias están completamente bañadas en sangre fresca, pegadas al paño.

El Estandarte de la Victoria
Los comandantes interpretan el milagro como un signo de favor divino. Atan el corporal manchado de sangre a la punta de una lanza y lo utilizan como estandarte de guerra, marchando nuevamente contra el enemigo y logrando una victoria aplastante en la reconquista del castillo.

La Decisión de la Mula
Tras la victoria, surge una disputa entre los capitanes sobre qué ciudad debe custodiar la reliquia. Acuerdan poner el cofre con el corporal sobre una mula y dejarla vagar libremente, creyendo que la voluntad divina guiará al animal al lugar correcto.

La Llegada a la Iglesia de San Marcos
Después de 12 días de viaje y recorrer unas 200 millas, la mula llega exhausta a la ciudad de Daroca y se detiene (o desploma, según la tradición) justo frente a la iglesia de San Marcos (hoy convento de la Trinidad/Iglesia de Santa María), eligiendo así el hogar final del milagro.
