Milagro Eucarístico de Alcalá, Año 1597

El Milagro Eucarístico de Alcalá se originó en España en el año 1597 a raíz de un acto de sacrilegio y el posterior arrepentimiento. Un ladrón, que formaba parte de una banda de moros dedicada a saquear iglesias, robó varias Hostias consagradas y objetos preciosos de una iglesia cercana a Alcalá.

Días después, el ladrón experimentó fuertes remordimientos. Buscó la confesión en la iglesia de los jesuitas de Alcalá y, entre lágrimas, devolvió al sacerdote confesor las hostias robadas.

Por prudencia, el sacerdote y sus superiores decidieron no consumir las Hostias, temiendo que pudieran haber sido envenenadas, como ya había ocurrido en otras ciudades. En su lugar, las depositaron en una urna o cofre de plata, esperando que se descompusieran de forma natural.

Once años después, en 1608, las veinticuatro Partículas fueron examinadas y se encontraron perfectamente íntegras. Este prodigio fue confirmado al trasladarlas a un sótano junto con hostias no consagradas; estas últimas se descompusieron por la humedad, mientras que las Hostias consagradas permanecieron intactas.

El evento fue analizado rigurosamente por médicos, incluido el doctor personal del rey (García Carrera), y por teólogos ilustres, quienes lo proclamaron como un verdadero Milagro.

Finalmente, en 1619 se otorgó el permiso oficial para su culto. Las Santas Hostias fueron adoradas públicamente por el rey Felipe III, quien incluso presidió una solemne procesión en su honor en 1620.

Lamentablemente, en 1936, las Hostias milagrosas fueron escondidas por sacerdotes ante la inminente amenaza de revolucionarios comunistas que incendiaron la iglesia, y hasta el día de hoy, el lugar de su escondite no ha podido ser encontrado.

Ubicación de Parroquia Santa María la Mayor

El Robo y el Remordimiento del Ladrón

Un ladrón, parte de una banda de moros dedicada a saquear iglesias, robó hostias consagradas y otros objetos preciosos de una iglesia cercana a Alcalá en 1597. Días después, el ladrón sintió remordimiento.

La Entrega de las Hostias

El ladrón, arrepentido y llevando consigo algunas hostias consagradas, se confesó ante un sacerdote en la iglesia de los jesuitas de Alcalá y le devolvió las hostias.

El Descubrimiento de la Integridad Milagrosa

Por prudencia, y temiendo que las hostias pudieran estar envenenadas, el sacerdote decidió no consumirlas, sino depositarlas en una urna (cofre de plata) para esperar su descomposición natural. Once años después del robo, en 1608, las veinticuatro partículas consagradas fueron encontradas perfectamente intactas.

La Proclamación Oficial del Milagro

Luego de que las hostias no consagradas se descompusieran por la humedad mientras las consagradas permanecían íntegras, y tras ser analizadas minuciosamente por médicos (como García Carrera, médico personal del rey) y teólogos ilustres, el hecho fue proclamado como verdadero Milagro. Las autoridades eclesiásticas otorgaron el permiso oficial para su culto en 1619.

La Adoración Real y la Procesión Solemne

En 1620, el rey Felipe III adoró públicamente las Santas Hostias y presidió una solemne procesión junto con toda la familia real. Las Hostias milagrosas fueron honradas con culto público.

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